Kranevitter compite con Mascherano

Matías Kranevitter es el heredero de Javier Mascherano como mediocampista central del seleccionado. Tiene todas las condiciones: posicionamiento, anticipo, interpretación del juego, pase, relevo y dinámica. Si no pasa nada raro, protagonizará su era en el equipo nacional. En los últimos 40 años, el puesto tuvo pocos dueños. El Tolo Gallego entre el 76 y el 82. El Checho Batista hasta el 90. Fernando Redondo, crack, sólo jugó el Mundial del 94 debido a sus decisiones y sus lesiones. Almeyda y Simeone se alternaron en los ciclos de Passarella y Bielsa. Tras la eliminación en 2002, aún en Japón, Almeyda le vaticinó al sparring Mascherano que sería el titular en la próxima Copa del Mundo.

Así ocurrió. Desde su aparición en un amistoso ante Uruguay modelo 2003, Masche se apropió del centro del campo. Es el único futbolista que ha formado parte de los siete ciclos desde 2000 hasta hoy: Bielsa, Pekerman, Basile, Maradona, Batista, Sabella y Martino. Los vio pasar a todos. Todos confiaron en él. Entre la Copa América Perú 2004 y la actual Centenario, se perdió sólo la Copa Confederaciones 2005, por una lesión. Lucas Bernardi ocupó su lugar. Martín Demichelis también tuvo su chance. Ninguno de los dos llegó a Alemania 2006. Nadie logró mover a Mascherano del medio. Sólo un entrenador lo corrió a un costado: Coco Basile en la Copa América de Venezuela. Entraba Gago, salía Verón. Fernando se paraba en el medio y Masche se movía por la derecha. De ocho, marcó sus últimos dos goles en el seleccionado, frente a Paraguay y Perú en aquella competición de 2007. En Sudáfrica 2010, Diego lo hizo descansar ante Grecia y puso a Mario Bolatti. Su etapa ha sido tan dominante que todos sus competidores debieron conformarse con compartir esa zona. Gago, Banega, Biglia, Cambiasso, Verón mismo. Todos. En un caso notable de cooptación futbolística, Javier los obligó a reconvertirse para conseguir lugar, pero a su lado. Se transformaron en complementos y dejaron de ser competidores.

En Barcelona es zaguero central desde hace seis años. “No tenemos un reemplazante para Mascherano”, me dijo Alejandro Sabella en la playa de Cariló, en enero de 2014. En aquellos días previos al Mundial, Matías Kranevitter no jugaba en la primera de River. Ramón había constituido la SRL (Sociedad Rojas Ledesma) y Ponzio era su alternativa. Gallardo lo puso en la segunda fecha del Transición 2014 contra Central y el tucumano no salió más. Ganó todo en River y Simeone se lo llevó a Atlético de Madrid, donde seguramente jugará más y mejor en esta temporada. A diferencia de la Copa América 2015, cuando frente a Jamaica lo dejó como titular con una tarjeta amarilla acumulada, esta vez Martino le dio descanso a Mascherano en el último partido del grupo. Ante Bolivia, Kranevitter hizo 115 pases y erró menos de 10. Jugó a uno o dos toques, simple, siempre bien ubicado. Cortar y dar. Agilizar la salida. Marcar el lugar de presión. Ordenar al resto. De eso se trata. Ahora sí hay otro que puede hacer ese trabajo. Jugaron juntos en Paraguay el año pasado por las eliminatorias. Se manejaron bien en el 0-0. Fue una excepción. Recuerden el contexto. La Argentina venía de perder contra Ecuador como local. Es uno u otro. No se complementan, se duplican. No habrá cooptación, sí sucesión. Más que el heredero de Mascherano, Kranevitter es su actual competidor.

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