Ningún cuento chino

Que el fútbol argentino atraviesa una crisis durísima no es ninguna novedad. Pero mientras el facilismo apunta con el dedo a los desaciertos dirigenciales (que existieron y existen pero no alcanzan a explicar todo el mapa), en el frente externo el fútbol tal y como lo conocemos continúa resquebrajándose a golpes de billetera.

La presencia cada vez mayor de capitales privados chinos acelera el proceso iniciado hace unas décadas de privatización del fútbol, a partir de desregulaciones que permiten desvirtuar los números que se manejan, mientras otras formas de organización tienen dificultades para hacer frente a las “necesidades” creadas por esos propios capitales.

Para que quede más claro, tiene que ver con que el aumento de los valores que se pagan por salarios y transferencias implica la dificultad para competir con esos mercados y a su vez las salidas que se buscan se dan mediante la incorporación de nuevos capitales privados. Es el huevo de la serpiente.

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En el contexto internacional, que emigren figuras mundiales de Europa a China no causa ninguna gracia en el Viejo Continente. Se trata, ni más, ni menos, de lo que el fútbol argentino viene sufriendo hace ya varios años. La imposibilidad de sostener figuras ya es asumida como un proceso natural, cuando en realidad tiene que ver con la liberalización del fútbol. Pero la apertura de cada vez más mercados que se sustentan en capitales privados implica la dificultad, no de retener a un Messi o a un Agüero, sino hasta de sostener a actores de reparto, jugadores de tercera o cuarta línea en cuanto a sus cualidades.

Si la sangría no es todavía peor es por las pocas medidas proteccionistas que regulan el fútbol ajeno. Llámese, por ejemplo, cupo de extranjeros. Los chinos atraen figuras para rodear y potenciar el desarrollo de lo propio. Si quitaran ese elemento la importación sería mayor (y nuestra exportación vaciadora también), el producto probablemente también, pero estarían destruyendo lo propio en pos de una cultura mundial que no los representa si no interactúa con lo local.

¿Qué hacer ante este escenario internacional? Por empezar, tratar de comprenderlo nos daría un panorama mejor para encararlo. El fútbol argentino está situado en un contexto que lo condiciona, mientras acá se presiona para “normalizarlo” todo. El problema es que jamás nos explicaron qué sería lo “normal”, quién lo define y por qué.

Por Iván Sandler para VarskySports.

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