¡¿PARA QUÉ TE TRAJE?!

Mientras el fútbol argentino se desangra, hay elementos que desnudan las deficiencias estructurales de las dirigencias: muchos refuerzos con poca participación.

Cada vez que se abre el libro de pases, pareciera que el impulso por la novedad entierra al análisis y al contexto. No importa: hay que traer. El retrato de la cultura shopping en su máxima expresión, aunque los bolsillos contengan solo aire, los billetes tengan menos respaldo que los volantes de un circo o las chequeras tengan pinta de joya de la abuela.

Ya sabemos qué hay en casa, y el afuera nos ofrece todo un abanico de posibilidades seductoras. El envase viene en forma de video, de sugerencia, de “negocio garantizado que nadie ve” y tiene todas las propiedades curativas que se puedan imaginar. En esas posibilidades están latentes los nombres capaces de ser el día de mañana quienes rompan el molde del fútbol argentino y “salven” (para un par de meses después caer nuevamente en “peligro”) a las instituciones que hoy aún viven de la venta de jugadores. Las llaman recursos extraordinarios cuando se trata de una venta, quizás porque ordinario sea una etiqueta que no necesite de calzador para encajar a la perfección en la política de compra-préstamolandia del fútbol argentino.

Los dirigentes, aún en tiempo de crisis, salen a buscar lo que adentro supuestamente falta, pero ¿realmente falta o de lo que se carece es de un personal capacitado para manejar el departamento de fútbol, con conocimientos profundos sobre inferiores, ascenso y competencias limítrofes? Con esa reacción espontánea disfrazada de diagnóstico, que se escupe sin un scouting previo en la mayoría de los casos, cambian figuritas y reemplazan nombres, en lugar de incorporar paciencia para entender procesos y trabajo para potenciar el material existente. Las inferiores se transforman en una planta que pocos riegan, al punto que no llega al 20% (sobre 30 clubes) el porcentaje de equipos de Primera División que tienen en su formación base a mayoría de futbolistas de la cantera.

Todos los mercados de pases nos obnubilamos con las novelas y nos ilusionamos con que algún apellido nos saque de la mediocridad del fútbol nuestro de cada día. Y no tiene que ver con el grado de emoción de la competencia doméstica, sino con la calidad con la que se cuenta. El hincha también demanda: el “compren a alguien” le gana al “formen jugadores”.

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Un breve repaso por el último mercado de pases arroja datos reveladores y demoledores: los clubes incorporaron más de 250 jugadores. Más de la mitad no llegó a disputar 5 partidos como titulares. Sólo Vélez (4) y Tigre (3) usaron a todos de forma regular. Rosario Central y Belgrano podrían sumarse ya que sólo no contaron asiduamente con los arqueros suplentes (Ruso Rodríguez y Germán Montoya).

Hay casos paradigmáticos, como el de River. De 7 refuerzos, sólo Mina y Moreira fueron regularmente titulares. Bologna debutó al final. Denis Rodríguez vio acción en dos partidos y fue borrado después de una expulsión en Paraná. Larrondo no superó nunca los inconvenientes físicos y Lollo ni siquiera jugó. Apenas Iván Rossi fue utilizado a veces como recambio.

Si vamos a mercados anteriores, los porcentajes globales se elevan, pero hagamos foco en la última foto. En el club de los, al menos, 5 refuerzos sin o con poco uso hay 9 equipos: Arsenal (5), Defensa y Justicia (9), Huracán (5), Lanús (5), Olimpo (8), Quilmes (5), River (5), Sarmiento (6) y Talleres (6, con nombres como Vuoso o Ludueña). Una barbaridad en tiempos de crisis económica y financiera. Tenían al iceberg de frente. Nadie puede excusarse en el factor sorpresa.

Está claro que las incorporaciones no siempre rinden lo esperado en el primer semestre, que hay procesos de adaptación, de crecimiento. O incluso que algunos son conscientes de los problemas físicos, pero hacen las apuestas a largo plazo. Pero otro elemento que difícilmente se discuta es que las políticas de compras son defectuosas. Se reiteran puestos cubiertos, se repiten características, se sobreestima la historia por encima de la actualidad y se confunde cantidad con calidad.

En un fútbol argentino en crisis económica y financiera como nunca en los últimos 30 años y con una sangría enorme de talentos que viajan a otras latitudes, es difícil encontrar el diferencial. Léase: hay mucho de lo mismo. En casa o afuera.

Aldosivi buscó gol y apostó a Claudio Correa. No solo jugó poco y nada, sino que ocupó una plaza de extranjero. El Tiburón fue su décimo cambio de camiseta en 6 años. Arsenal se enredó en fichajes que venían sin jugar en sus clubes anteriores. Conclusión: entre que se pusieron a punto y cuestiones futbolísticas, no participaron o apenas vieron un puñado de minutos (Berra, Calzada, Celaya, Flores y Leiva). Cinco fichajes que no brindaron ni siquiera respaldo. Pero no hagamos foco en los jugadores, que intentan dar lo mejor ¿Cuál fue el proceso de investigación previo, a qué se apostó, es lógico sumar 5 incorporaciones con esos antecedentes, cuál es la política a largo plazo? Sí, alguna vez puede dar resultado, pero el sentido común dice otra cosa.

Atlético de Rafaela lo vivió con Puch y Almirón, Atlético Tucumán con Álvarez, Palomino, Rosales y Cirigliano, Banfield con Lucero, Boca con Barrios, Sebastián Pérez y Solís (en un caso de acumulación), Colón con Carranza, Mayora, Acuña y Dalla Costa.

Defensa y Justicia con Barrios, González, Tapia, Buschiazzo, Bravo, Naguel, Domínguez y Martínez. Estudiantes con Diogo Silvestre y Vargas. Gimnasia con García, Ramos y Bottinelli. Godoy Cruz con Sigales y Suso. Huracán con Garré, Depetris, Morales, Lessman y Compagnucci. Independiente con Martínez. Lanús con Magallón, Caro Torres, Rius y Zurbriggen. Newells con Vega y Matos.

Olimpo con Pantaleone, Cabalucci, Pérez, D’Angelo, Pérez Guedes, Álvarez, Cabral y Freire. Patronato con Arce. Quilmes con De la Fuente, Trejo, Trombetta, Torres y Celeste. Racing con Guisao y Candia. River con Lollo, Larrondo, Bologna, Rossi y Denis Rodríguez. San Lorenzo con Tino Costa. San Martín de San Juan con Chacón, Puchetta y Rusculleda. Sarmiento con Depetris, Garro, Pérez Godoy, Suárez, Astina y Vidal. Talleres con Vuoso, Kruspzky, Giménez, Afolabi, Ludueña, Cotugno. Temperley con Viega, Achucarro. Unión con Carando, Magallán. Se reitera: una barbaridad, más en semejante contexto.Incluso, varios ya no están en los clubes que los contrataron hace 6 meses.

Si el fútbol argentino está sin aire es también porque muchas veces juega al ahorcado entre la falta de políticas serias a la hora de formar planteles y el despilfarro. La incapacidad y sus caricaturas, para que luego los Balances se transformen en dibujos hasta que el caos sea imposible de maquillar y se pase del ¿”para qué te traje”? al “¿cómo hacemos para sobrevivir?”.

Matías Muzio e Iván Sandler para VarskySports.

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