Los problemas del problema

Señor/señora: cuando escuche a su alrededor la frase “el problema es que…” inmediatamente desconfíe. Pare las orejas, ponga atención, pero no se tome demasiado en serio lo que está por venir. Cualquier “explicación” de una oración, ni hablar si tiene máximo 140 caracteres, es como una paleta de colores de una película en blanco y negro.

A menudo confundimos la simplificación con la simpleza. Y entonces afirmamos, sin mayor complejidad, que Bauza no encuentra el equipo “porque le falta tiempo de trabajo”. Que a la Selección Argentina no le puede ir bien “porque es un desastre la AFA”. Que el Mundial de Rusia queda lejos “porque estos jugadores sienten mucha presión”. ¿Alguno de los argumentos falta a la verdad? No. Bauza asumió hace menos de un año, tiene muy pocas prácticas con el plantel, los problemas dirigenciales están a la vista (algunos, y otros ni siquiera nos enteraremos) y este grupo de jugadores es sumamente castigado por la falta de títulos.

¿Entonces encontramos el problema? Nada de eso. Por empezar porque EL problema no existe. Tenemos que hablar de LOS problemas, en plural. ¿Sumamos esos inconvenientes y ahí sí formulamos una teoría que nos permita explicar por qué la Selección está a cierta distancia del Mundial y no más cerca? Lamentablemente no. Marcar el contexto, pensar el escenario, analizar las variantes, nos puede ayudar a hipotetizar (que no es lo mismo que asegurar), a pensar qué elementos condicionan la labor del equipo argentino. Pero sumar ingredientes no nos resulta suficiente para conocer el plato que están cocinando otros.

Es cierto que para el trabajo más tiempo es mejor que menos. Como también es una realidad que la era Tite en Brasil es contemporánea a la de Bauza en el conjunto nacional. Los dos debutaron en la fecha 7 de estas Eliminatorias. Martino dejó al equipo tercero, con 11 unidades, 6 goles a favor y +2 de diferencia de gol. Dunga se fue cuando estaba sexto, con 9 puntos, 11 gritos y +3 de saldo total. Los números actuales son elocuentes: Argentina en repechaje con 22P/15GF/+1DG, mientras que Brasil es líder con 33P/35GF/+25DG.

La falta de tiempo puede perjudicar, pero no determinar. ¿Qué tal los problemas dirigenciales? La desorganización maximiza el margen de error y potencia malos humores, pero no distribuye a los jugadores en la cancha. Es un error presentar el desorden en el campo de juego como una metáfora o consecuencia inmediatamente directa del desorden de afuera. La situación interna argentina la conocemos bien, pero en Brasil no es ninguna pinturita: se dio un proceso con ciertas similitudes a la era Grondona con Ricardo Teixeira (yerno de Joao Havelange) a la cabeza durante 23 años. Los sucesores, José María Marín y Marco Polo del Nero tuvieron sus propios inconvenientes puertas adentro y otros afuera, como el FIFA Gate, que también los involucran. “No se puede esperar nada de estos tipos de la CBF. El nuevo presidente es un cáncer. Sale uno malo y entra uno pésimo”, dijo Romario en 2015. Si nos remitimos a la historia, Brasil fue campeón del mundo en 2002 en medio de un escándalo y una investigación parlamentaria que salpicaba a la Confederación Brasileña de Fútbol y a Nike.

¿Qué tal la relación entre hinchas-equipos? En la Argentina hay una hegemonía del “qué desastre, no somos campeones” ante el minoritario “protagonizamos siempre y eso es bueno”, post tri-subcampeonatos 14-15-16. La paciencia se angosta con la generación que más lejos llegó en los últimos 20 años a niveles estilo “para perder la final mejor quedar afuera antes”. ¿Cuál es el contexto en Brasil? Difícilmente sea menos complejo que acá. El 1-7 de 2014 ante Alemania es el mayor desastre futbolístico, al menos desde el Maracanazo para acá. Lo que siguió fue nada auspicioso: cuartos de final en Chile 2015 y volver en primera ronda de la Copa América Centenario. Lograron transformar su situación de debilidad, creciendo a partir de mejorar en el juego. En cambio, la “crisis del segundo” tiene casi todo por perder, cuando sólo sirve ser campeón, amén de los rendimientos que te acercan o alejan de esa realidad.

¿Es una cuestión de material disponible? ¿Cómo asegurar que Brasil tiene mejor materia prima? Neymar es hoy un 7 de espadas (por ahora), pero Messi un ancho bravo. Gabriel Jesús se conjuga en potencial, más allá de una actualidad que entusiasma, pero Agüero-Dybala-Higuaín están entre los top de Europa (y podemos sumar a Icardi). Quizás el salto de calidad de los de Tite respecto del equipo de Bauza sea en los laterales, pero el mano a mano entre planteles es, al menos, parejo. O por lo menos la distancia entre el juego que presentan unos y otros no se condice con las diferencias de categoría entre sus jugadores.

¿Entonces cómo explicamos esto? Bueno, por empezar, debemos abandonar cualquier pretensión cientificista y reconocer tres cosas: primero, que siempre hay muchísimas variantes que nos faltan conocer. Segundo, que el fútbol no se cuenta como una verdad revelada. Que A no explica B, pero que nos puede ayudar a pensarlo.  Y tercero, que cuando decimos (o nos dicen) “el problema es que…” estamos (o están) sanateando.

Por Iván Sandler, para VarskySports.

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