Antoine Griezmann, el futbolista que vale mucho más que el personaje

Por Juan Pablo Varsky para diario La Nación

El personaje atrae desde varias facetas. Su increíble conexión con Uruguay, explicada en varias notas. Comienza con Carlos Bueno, Chory Castro y Martin Lasarte en Real Sociedad, se extiende con el mate y la música y llega hasta esta relación de hermanos con Godín y Giménez en Atlético de Madrid. Su penúltimo gesto “celeste” había sido aquel no festejo de su gol en el duelo de cuartos, respetuoso de sus amigos, del país que se enamoró y del error del Muslera. Ayer finalizó la conferencia de prensa enfundado en una bandera uruguaya y hablando en idioma Montevideo.

Antes de la final, se difundió un video en el que, bien rubio a los siete años, les pide autógrafos a los campeones del mundo en 1998. Orgulloso, cuenta en la TV francesa que le firmaron Lizarazu, Henry y Zidane, entre otros. Como si todavía tuviera 7, festeja los goles como un protagonista del videojuego Fortnite, que atrapa a millones de chicos en todo el mundo. Fortnite, PlayStation y el mate han sido su Santísima Trinidad en la concentración francesa.

 

Su vínculo con Diego Simeone trasciende el molde jugador/técnico. Cholo lo ha convencido de reinventarse dentro de la cancha, de agregarle recursos a su juego y de incorporar una mentalidad colectiva. Había empezado su carrera como un extremo veloz, hábil y goleador. En selecciones juveniles, se destacaba por la derecha. Aprovechaba su perfil invertido para gambetear, perfilarse y definir de zurda. Le gustaba hacer alarde de ese repertorio lleno de técnica individual. Simeone lo ayudó a transformarse.

Antes del debut ante Australia, anunció su decisión de quedarse en el Atlético. Barcelona y Messi lo querían. Lo comunicó a través de un programa de TV llamado “La decisión”, producido por la empresa de Gerard Piqué. Pero ninguna faceta atrae más que su juego. Su comprensión para hacer siempre lo que pida la jugada. Su entendimiento del tiempo y del espacio. Su toque simple. Su precisión en la pelota parada, que incluyó tres goles de penal (Australia, Argentina y Croacia), el gol en contra de Mandzukic y los centros para Varane y Umtiti en los goles ante Uruguay y Belgica respectivamente. Su sobriedad y su generosidad sin hacer ostentación. Su contribución defensiva, mucho más importante que hacerle sombra al cinco rival.

Ayer vigiló a Brozovic y lo redujo a dar pases para atrás o a los costados. Retrocedió hasta la linea de medios en varias fases del juego. La estadística sirve para mensurar su despliegue: corrió 10,76 kilómetros. Nadie más que él en Les Bleus. Una decisión lo retrata. Minuto 19 del segundo tiempo. Vida despeja corto y le queda para el contraataque. Mbappé pica al espacio, como siempre. Él prefiere tocar para atrás y agrupar al equipo cerca de la pelota. Defenderse de entrada, atacar en bloque después. Es apenas un pase. Alcanza como concepto para destacar su entendimiento del juego. Luego intervienen Pogba y N’Zonzi. Se desprende Lucas Hernández y avanza por la izquierda. La cadena termina en el cuarto gol marcado por el prodigioso Mbappe. Todo había empezado con ese pase. El mundo se rinde ante este crack solidario. Antoine Griezmann, o cuando el futbolista vale mucho mas que el personaje.

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