El fútbol argentino, entre la apreciación y la desigualdad

Si bien quedan un par de días para que cierre el mercado de pases, una de las primeras conclusiones que podemos apreciar es la apreciación del fútbol argentino. Esto que suena a trabalenguas en realidad quiere decir que si observamos atentamente los arribos y partidas podremos dar cuenta, a priori, de un incremento en la calidad del medio local, contrario a la tendencia constante a la devaluación.

Es que, con fluctuaciones, hace décadas que el fútbol argentino se desangra de talento exportando excelencia, pero también invitando al aeropuerto a segundas, terceras y cuartas líneas de jugadores. Pese a lo ruidosas que son las identidades locales, la inserción en el fútbol internacional parece ser de proveedor de “materias primas”. “Las penas son de nosotros, las gambetas son ajenas”, podríamos definir.

Sin embargo, este mercado de pases va, hasta ahora, a contramano. Un breve repaso nos permitirá observar que los recién llegados aportan una gran calidad individual, por encima de las pérdidas por las salidas. Una suerte de superávit en la “balanza comercial” del talento.

Pero a la hora de abandonar la entidad “fútbol argentino” para ponerles nombres propios, escudos y colores a los beneficiados, nos podemos encontrar con la otra cara de la moneda: los más poderosos aumentan la brecha con el resto. ¿La disparidad no atenta contra el valor del producto? ¿Se aprecia el conjunto si la pelea se reduce a los clubes más masivos?

Bienvenidos

Después de las salidas de Sebastián Driussi y Lucas Alario, apenas paliadas con el buen nivel de Nacho Scocco, River realmente se reforzó con la llegada de Lucas Pratto, uno de los pases más caros en la historia de nuestro fútbol. El delantero no sólo venía de tener buen nivel en Brasil, sino que también había tenido participaciones auspiciosas en la Selección Argentina versión Bauza.

Además, el Millonario hizo gala de su apodo para incorporar a Franco Armani, ídolo en Medellín, en un puesto en el que son varios los clubes que tienen dudas. Aparte, se sumó Juan Fernando Quintero, volante de Selección Colombia, y apunta los cañones a Bruno Zuculini, quien se fue muy joven al Manchester City.

Carlos Tevez regresó a Boca en una situación que es la contracara de su retorno anterior: de campeón local y finalista de Champions con Juventus, a lo que él denominó “7 meses de vacaciones” en China. Pero además, Guillermo podrá contar con otros dos jugadores que han tenido pasos por la Selección: los laterales Más y Buffarini.

Racing dejó ir a Ibargüen sin pena ni gloria, pero pudo concretar el retorno del laureado Ricky Centurión, para sorpresa de muchos. Su búsqueda de fortalecer la zaga central también apuntó hacia afuera con las llegadas de Donatti y Sigali, desde México y Croacia.

Otros casos que debemos citar son los de Lucas Barrios y Mauro Zárate, regresando a sus orígenes en Argentinos Juniors y Vélez, respectivamente. Rosario Central le entregó a Ortigoza la chance de quemar sus últimos cartuchos. Colón repatrió a un Alan Ruiz que se fue con un nivel superlativo a Portugal.

Huracán intentará recuperar a Tito Noir y Andrés Chávez. Droopy Gómez buscará demostrar que sus buenas versiones son más regla que excepción. Estudiantes sumó a los extranjeros Jacob Murillo y Andrés Escobar, además de incorporar a Fabián Noguera, buen proyecto de marcador central surgido de Banfield y que viene de Brasil.

Muchas gracias y mucha suerte

Entre las salidas, la más destacada es sin duda la de Ezequiel Barco, quien dejó Independiente para continuar su carrera en la MLS. Su cambio de ritmo y su gambeta no serán fáciles de reemplazar para Ariel Holan. Al multifacético Nico Tagliafico también se lo extrañará: el encargado de tapar todos los huecos no podrá hacerlo con el que él mismo deja en el Rojo.

San Lorenzo, que eligió el perfil bajo en este mercado, podría perder a Ezequiel Cerutti, si el delantero decide emigrar al Al Hilal de Ramón Díaz. Lanús, después de un año histórico, sufre su propio éxodo a Colombia: su ex DT, Jorge Almirón, se llevó a Atlético Nacional a Fernando Monetti y Diego Braghieri, mientras que Pepe Sand se marchó a Deportivo Cali, peleado con los dirigentes. Huracán vendió, también a los Estados Unidos, al Kaku Romero Gamarra, otro volante talentoso.

¿Crecimiento sin distribución?

De no surgir nada raro en los últimos días del mercado, podremos concluir que entró más y mejor de lo que salió. El torneo argentino pudo retener a jugadores como Pavón, Pity y Lautaro Martínez, mientras los suma a la “vieja guardia” como Gonzalo Rodríguez, Enzo Pérez, Darío Cvitanich, por citar algunos, a la vez que se refuerza con los anteriormente mencionados.

Hay cuestiones de calendario que todavía entran en discusión, pero que sin duda impactan en la relación con los otros mercados: mientras acá se inicia la Copa Libertadores, por ejemplo, en Europa están a mitad de camino en la temporada y los distintos equipos evalúan a sus descartes.

El fútbol argentino, acostumbrado a la salida de talento y el ingreso de billetes para paliar los déficits operativos de los clubes, esta vez se da el gusto de poder apostar al crecimiento. Si se aprovecha, la mayor jerarquía individual sirve para un mejor desarrollo de los juveniles, para volver más atractivo el producto y poder potenciarlo. Sin embargo, también existe el riesgo de que sin la distribución adecuada aumente la brecha de desigualdad y se quiebre la competencia. Lo que viene será todo un desafío.

Por Iván Sandler, para VarskySports.

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