“No somos ni 11, ni 22: somos todas”

Aldana Cometti se para en el fondo. Su posición le permite tener casi siempre la cancha de frente, para observar todo lo que pasa. Ella, que apenas tiene 22 años, aprendió a entender ese y otros juegos. La marcadora (una de esas palabras a las que tendremos que acostumbrarnos) central de la Selección Argentina de fútbol comprende los movimientos que tiene que desplegar. Los mide, los analiza. Como una equilibrista, elige las palabras para que no falten, ni sobren. No hay llegada tarde a un cruce, ni tampoco anticipos fallidos.

“Estábamos dispuestas a mostrarle a la gente y a los dirigentes que vamos a luchar por nuestra pasión por este deporte”, quita y toca en relación a la actuación del equipo en la reciente Copa América, en la que finalizaron terceras, detrás de Chile y de Brasil, por delante de Colombia. A diferencia de sus rivales, con planes de trabajo, ellas habían pasado casi tres años sin vestir la camiseta celeste y blanca, en los Panamericanos de Toronto 2015. En el medio, las idas y vueltas de una AFA caótica y un paro exigiendo condiciones mínimas para el desarrollo de la actividad (como mejorar los viáticos que estaban estipulados pero tampoco les pagaban), hasta que decidieron levantarlo “para hablar en la cancha”.

Durante la competición surgieron nuevos problemas organizativos, económicos y estructurales. “Hasta que en un momento dijimos ‘tenemos que hacer que nos escuchen’ y si no es por adentro, lo haremos por afuera”, raspa Aldana. A veces, un gesto silencioso suena más fuerte que el grito más potente. Entonces las jugadoras eligieron posar en las fotos grupales todas con las manos detrás de las orejas, esa pose conocida como la del “Topo Gigio”. Paradojas del fútbol: hasta hace no mucho, los sobreexpuestos jugadores del equipo masculino decidieron callar y cundió el pánico en redacciones y canales. Hoy, las subestimadas jugadoras del conjunto femenino reclaman migajas de atención en el mundo mediático.

“Las cosas las decidimos grupalmente. Por suerte sabemos que, o vamos todas, o no va ninguna. Si no estamos de acuerdo no se hace algo”, manda la defensora del conjunto dirigido por Carlos Borrello, consciente de que para recuperar la pelota es necesario moverse en bloque. Que la presión descoordinada lejos de ayudar, perjudica. El equipo combina jugadoras amateurs con profesionales, realidades sumamente distintas en la cotidianidad de cada una: “La mayoría de las chicas no pueden dedicarse 100% a esto y después se nota la competencia internacional. Incluso si lo comparamos con otros países sudamericanos que tienen otra cultura del fútbol femenino”, traslada Aldana para salir desde el fondo.

Ella sabe que desde cualquier quite hasta poder convertir en el arco rival hay un montón de terreno por recorrer y obstáculos que atravesar. Cuando AFA dio a conocer la nueva camiseta de ambas selecciones, eligieron a modelos mujeres para la presentación. Las jugadoras reclamaron como ante un fallo arbitral evidentemente equivocado: “Queremos que las chicas tengan la posibilidad de identificarse con una jugadora. No solamente con una modelo. Como el nene de 10 años que ve a Messi y quiere ser futbolista como él. Necesitamos que se empiece a crecer desde ese lado para las generaciones que vienen”

El sentido construido en el país alrededor de la disciplina forma con la delantera más dura que le tocó enfrentar: prejuicios, rechazos y pocas oportunidades. “Para que las chicas se animen a practicar este deporte, si tienen ganas de hacerlo, es necesario que se implemente la posibilidad en las escuelas. Es duro cuando a una nena le dicen que el deporte tiene género, porque cuando sos chico querés jugar y no entendés por qué algo no es para vos. El fútbol no es masculino ni femenino, las reglas son iguales para todos”, aguanta Cometti con su experiencia a cuestas. Acostumbrada a salir lejos cuando el equipo asume riesgos, ella debió salir bien lejos para arriesgarse por su sueño: para poder ser jugadora, y no una chica que juega, emigró primero a España y ahora forma parte del plantel profesional del Atlético Huila colombiano.

Más allá de que en la Argentina no juegan en los estadios de varones, inclusive a veces “agradecen” si les permiten usar las mismas instalaciones de entrenamiento, Aldana entiende que ellas tienen una hinchada mucho más grande, que no entraría entera en ningún estadio del mundo: “Nosotras no somos 11 titulares, ni 22 citadas: somos todas. Las que nos gusta el fútbol y las que no. Luchamos por nuestras reivindicaciones y por las de las demás”.

Aldana Cometti se para en el fondo. No hay dudas de su visión, del panorama que tiene para entender lo que sucede alrededor. Tiene quite, gambetea, marca con el rigor necesario. Ordena el conjunto, forma parte del bloque defensivo y pasa al ataque con traslado. Y también es una gran jugadora de fútbol.

Por Iván Sandler, para VarskySports.

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