Pochettino, los debates y el fútbol que nos enamoró

Mauricio Pochettino apeló a la nostalgia para meterse de lleno en la discusión sobre la aplicación del VAR: “Hace 20-30 años se felicitaba al futbolista que había engañado al árbitro. Ese es el fútbol del que me enamoré cuando era chico. Estoy preocupado porque si seguimos así podemos matar este deporte que tanto queremos”, argumentó.

El debate que implica intercambio de argumentos, de posiciones, a partir de especialistas en las diversas facetas del juego, siempre es bienvenido. Sirve para ampliar la mirada, romper con prejuicios y para que, si están atentos a las discusiones, los que deban tomar las decisiones cuenten con más material para resolver.

Si seguimos el tema nos vamos a encontrar con razonamientos lógicos a favor y en contra, con los infinitamente más interesantes grises, y también con contradicciones que tal vez no sabíamos que existían. ¿El fútbol “es” o acaso “está siendo”? ¿El fútbol “es como fue” o se transformó? ¿Existe una esencia? ¿Cuánto del fútbol “que nos enamoró” permanece inalterable?

Parte importante de la historia del fútbol se basa en la transformación de sus reglamentos, regulaciones y prácticas. Incluso los debates que se suscitaron a partir de cada modificación, los sectores en pugna y quienes lograron imponerse. No existe una esencia, existe una historia, que es mucho más que la acumulación de acontecimientos. Por eso no podemos hablar de “desnaturalizar el juego”. No hay naturalidad, hay procesos que llevan a decisiones. Después, podemos argumentar si esas definiciones nos satisfacen de acuerdo a nuestras pretenciones.

Pero hay más: si de transformaciones se trata, si hablamos de incorporar a la tecnología al juego, tenemos que discutir unas cuántas cosas. ¿Qué tiene del “fútbol que nos enamoró” el deporte actual en el que una pechera GPS marca la condición física de un jugador? ¿Acaso el aporte de esos datos no rompe con la vieja necesidad de la intuición y con el riesgo? ¿Cuánto tiene que ver con el engaño la posibilidad de decirle al lateral izquierdo que el wing que juega por su lado engancha para adentro 97 de cada 100 veces que encara? ¿Por qué asistir con esos datos a un jugador pero no hacerlo con un árbitro?

Si la tarea del juez es impartir justicia, la tarea del jugador es engañar corporalmente a su rival. Hacerle creer que hará una cosa cuando en realidad termina ejecutando otra. Pochettino hace el camino inverso: pone el acento en la picardía para con el árbitro. Como mencionábamos antes, son preferencias de cada uno. Pero lejos estamos de que la implementación del VAR modifique el “viejo” fútbol. Eso ya no existe y por múltiples factores que inciden mucho más que las decisiones arbitrales.

No nos vamos a cansar de decir que el fútbol es impredecible, y que por eso lo amamos. Pero hay grados de impredecibilidad y estos se están achicando. Las estadísticas, que hoy abundan, no nos alcanzan para explicar el todo, pero nos sirven para predecir mucho. ¿Queremos un fútbol pseudo científico o uno más intuitivo? ¿Cuál se parece más al que “nos enamoró”? ¿Y si hubiéramos nacido antes nos hubiera enamorado el de otro tiempo? ¿Entonces es una cuestión de características o de nostalgia?

Algunos prefieren quitarles elementos objetivos a los responsables de la justicia, pero celebran darles la mayor cantidad de datos posibles a los que juegan, achicando la inventiva, la intuición y la improvisación. Son debates. Y son bienvenidos.

Por Iván Sandler, para VarskySports.

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